Egocentrismo: la semilla destructiva

Egocentrismo: La semilla del problema

 

En las relaciones matrimoniales problemáticas la semilla originadora del problema se encuentra con mucha facilidad: “el Egocentrismo”

 La persona egocéntrica dentro de un matrimonio es aquella que vive, piensa y actúa para sí misma, buscando su propio bienestar, aunque con ello pueda perjudicar a terceros, sin importarle si hubo consecuencias. Antepone su “yo” antes que un “nosotros”; y esto es por supuesto totalmente opuesto al altruismo que debería ser el motor principal dentro de todo matrimonio, donde ambos piensan y actúan desde “yo te doy todo a ti sin esperar nada a cambio”.

El egocentrismo es quizás uno de los aspectos más negativos que pueda haber en una relación entre un hombre y una mujer; pues en vez de compartir, uno de los dos buscará su propio interés.

Cuando existe amor en la pareja, cada quien tratará de satisfacer al otro, agradarle, compartir sus necesidades, proyectarse juntos, interesarse en sus cosas; todo lo contrario es cuando antes prima el pensamiento egocéntrico, y eso es motivo de discusiones.

Sin embargo hay personas que piensan que todo lo merecen, que sus necesidades están por encima de los demás; inclusive sienten celos de los hijos, porque no pueden recibir toda la atención de su pareja.

Quizás una forma de controlar la situación es tomando conciencia de que se es egocéntrico, reconociendo ante su pareja este modelo de conducta; y tratar de corregirlo solicitándole su ayuda. Este será el primer paso para evitar futuros conflictos en la relación, si esto fuera la causa.

El amor es altruista (el otro viene primero que yo) y no egoísta (Yo soy primero)

Tristemente muchos matrimonios aguantan este tipo de relación donde el egocentrismo es el rey. Pero la realidad es que el egocentrismo mata cualquier relación. Mata las buenas costumbres. Mata las buenas tradiciones familiares. Pero sobre todo mata la buena voluntad, la confianza y el amor en la pareja.

¿Cómo puede una persona ser egoísta por tantos años? Es que supuestamente está en nuestros genes por ser humanos y es parte inherente del pecado de la especie. De la misma forma que nuestra naturaleza es pecadora asimismo sucede con el egoísmo.

Como ejemplo, ¿cuál es la primera palabra que generalmente aprendemos cuando somos niños? Es la palabra: “mío”. En una fotografía familiar o de amigos, ¿cuál es la primera persona que buscamos para ver como salió? la respuesta es “yo”.

Dado entonces que el egocentrismo está a la raíz del ser humano como si fuera genético. Si es así necesitamos buscarle una solución que pueda penetrar nuestra naturaleza y cambiarla desde adentro. La comida que comemos o las relaciones que tenemos, o los padres que nos criaron no nos hicieron egoístas (aunque pudieran habernos traumado). Esta condición está con nosotros  desde el nacimiento y es parte bien clara de la caída en pecado de la humanidad.

 

En el matrimonio o en otras relaciones, cuando tratamos de solucionar los problemas que nos han llegado por nuestro egoísmo, generalmente es muy poco lo que logramos. ¿Por qué? Porque, estamos tratando con los síntomas y no con el problema, pues el gritar, el irrespetarse, el ofenderse, etc.,  no es el problema. El verdadero problema es nuestro corazón egocéntrico.

En cambio el amor verdadero es el sentimiento más profundo de la persona y que no se puede expresar con palabras. Es el poder del alma, la cúspide del amor es el estado de amor por Dios. El Amor Verdadero entre las personas comienza cuando una persona experimenta los sentimientos más profundos de Amor, no por lo físico ni por la personalidad sino por el Alma de la otra persona; cuando, como dicen, uno ve la esencia de otro, cuando hay un “asombro en el silencio”.

Este estado es muy diferente del estallido sexual común habitual entre las personas que está dominado principalmente por la naturaleza carnal, que es cuando una persona desea poseer, dominar y usar a otra persona para sus propios fines egoístas.

El amor verdadero es significativamente diferente del concepto psicológico que se expresa como el interés por dominio que existen en algunos estados de ánimo, sentimientos inestables o muchos “deseos” codiciosos.

Cuando esto sucede es porque a menudo una persona está bajo la ilusión de que supuestamente domina a alguien, o puede darse todo de sí mismo pero no obtiene un sentimiento recíproco; cuando demuestra constante tormento en su comportamiento en nombre de algún ideal que, de hecho, es inventado por él/ella.

Aunque en la práctica, él/ella no está experimentando el verdadero Amor desinteresado, sino que está tratando de mostrar su significado alfa para sí mismo/a y para los demás. En las relaciones, todo esto tarde o temprano se convierte en incomprensión y tensión, genera odio y enemistad, ya que no se basa en el sentimiento real más profundo sino en los deseos de la naturaleza carnal.

Cuando el Ego no recibe compensación por sus esfuerzos, en tal caso, comienza a culpar a todos y a todo, menos a sí mismo/a. Sin embargo, todo esto muestra que él/ella solo está afirmando su propio Ego y que en realidad no sabe cómo Amar, sino que exige ese Amor para sí mismo/a conforme a como el/ella entiende que debe ser. Eso es, de hecho, “guerra y paz” que comienza en primer lugar, en la consciencia. El problema del ser humano es que no quiere trabajar sobre sí mismo para producir el Amor real, es decir, el Amor de Dios. El único amor que hará que un matrimonio prospere.

El amor verdadero es un generoso regalo interior que una persona le presenta a otra debido a la abundancia de los sentimientos más profundos en su ser interior. Ese Amor se puede dar cuando te olvidas de ti mismo. Se trata de este Amor que dicen que es paciente, perdonador, no envidioso, no orgulloso, no egoísta, y no piensa el mal (1 Corintios 13: 1). Dar sin esperar nada a cambio.

Entonces el Amor Verdadero restaura la unidad de ambas almas. Una persona ve “mismidad” en el otro y la belleza de su alma. Cuando una persona se encuentra en estado de amor verdadero, ve más que la belleza superficial, es decir, no tanto la belleza mental o física de otra persona, sus talentos o habilidades, sino la belleza interior de la otra persona, su naturaleza espiritual. En este caso, comienza a ver a la otra persona desde un ángulo completamente diferente.

Esa persona también sufre una transformación notable. Imagínese si este último se comportara de una forma mala o equivocada con el mundo exterior. De repente, no lo ve como una mala persona sino como una persona que tiene buenas características pero que falló en un momento. En lugar de sus malas cualidades, nota mas las buenas. Es decir, entiende su belleza espiritual porque también está en él/ella, pero que quizás no está tan dominante en su conciencia.  

Gracias a este sentimiento sincero, la persona no solo comienza a desarrollarse sino también a cambiar para mejor, con su conciencia sosteniendo verdadero Amor.  Las personas que desean seguir el camino espiritual no deben perder el tiempo esperando que alguien venga un día y los ame sinceramente. Deben aprender a desarrollar el Amor dentro de sí mismos, o sea el Amor a Dios, y luego ese Amor se reflejará en el mundo circundante. Sin notarlo comenzarán a reflejar ese amor en todos sus actos y acciones y no necesitaran pedir amor porque les será dado libremente por aquellos que perciben su naturaleza no egoísta sino altruística.

Debemos trabajar en nuestro corazón y no en nuestra boca, que es con lo que generalmente hacemos al ofendernos unos a otros. Cuando el corazón está sano la boca lo estará como consecuencia.

El único que puede ayudarnos es el Creador de nuestra genética o de nuestra naturaleza. El es el único que puede cambiar nuestro corazón si le invitamos a entrar. Dios a dicho: “9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9, 10)

Así es el corazón egoísta: engañoso, perverso y no se puede conocer. Pero Dios dice que El es quien lo conoce y lo prueba.

Quizas tu me digas. “pero yo no soy egoísta”. Entonces vamos a hablar de egocentrísmo para que entendamos mejor la situación. La persona egocéntrica busca sus propias comodidades dentro del matrimonio y no se preocupa demasiado por las comodidades o situación de su cónyuge. Lo importante es que el/ella lo pase bien.

Si vives con una persona egocéntrica en tu matrimonio debes orar y confiar en Dios y pedirle que te ayude a cambiar tu corazón hasta que tu pareja cambie sus conductas y que cambie el corazón de tu pareja, porque los dos llegaron a donde están no solo por culpa de uno de ustedes, sino de los dos.

Dios ha prometido ayudarnos, porque nos ama profundamente y quiere lo mejor para nosotros, pero nuestro corazón está interfiriendo con su egoísmo. Por lo tanto deja a un lado tu egoísmo aunque tu pareja no lo quiera hacer. Pero uno de los dos debe iniciar el proceso del milagro que necesitan y que Dios quiere hacer en tu matrimonio.

Solo necesitas hacer una decisión y entregar tu corazón a Cristo si no lo has hecho aún. Cuando el Señor está en nuestro corazón es mas factible que cambiemos. Solos y en nuestra propia fuerza es imposible el cambio.

Si quieres invitar a Cristo a entrar en tu corazón, has la siguiente oración: “Señor, vengo a ti porque creo que eres el único que me puede ayudar, mi corazón es egoísta y soy culpable de tanto daño en mi vida, en mi matrimonio y en mi familia. Perdóname por favor todos mis pecados pero principalmente el pecado del egoísmo. Señor Jesús entra en mi corazón y controla mi vida. Gracias por perdonarme. Te pido que me ayudes a producir el milagro del cambio en mi corazón y así cambiara mi vida y mis relaciones. Gracias Señor Jesús. Amén”.